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MEDICINA

En qué quedamos, ¿el yogur hace algo o no?

20 abr , 2015  

Es por todos conocida la trifulca que viven desde hace unos años los lácteos con todo eso de que si son buenos o no para la salud, o si realmente aportan algún beneficio a nuestro organismo. Uno de esos estudios, recientemente publicado en la Agencia SINC, destaca que definitivamente el yogur no desempeña -a priori- ningún beneficio para nuestra salud, ya sea físico o mental.

Este es el cuento de nunca acabar: el asunto del impacto en la salud de los lácteos. El rey más polémico de estos, el yogur, anda siempre siendo cuestionado por los tíos de las batas blancas que siguen sin estar muy convencidos de que en realidad hagan algo bueno por nosotros.

Por eso, un reciente trabajo realizado en España evalúa si es cierta la asociación entre el consumo regular de yogur y la mejora física y mental de la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS), medida a partir del cuestionario SF-12, en la población adulta. Este cuestionario es uno de los más usados en todo el mundo para evaluar de manera multidimensional aspectos de la calidad de vida.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y publicado en SINC, analizó la relación entre el consumo de yogur y el cambio en la puntuación obtenida en el test en un periodo de 3,5 años en una muestra de 4.445 personas de la población española mayor de 18 años.

Los resultados, desoladores. “El consumo habitual de yogur no se asoció con la mejora de la calidad de vida relacionada con la salud”, explica a Sinc Esther López-García, primera autora de la investigación. Pero claro, la tipa también es cauta y ha añadido que “para investigaciones futuras se deben utilizar instrumentos más específicos que puedan aumentar la probabilidad de encontrar un beneficio potencial de este alimento”.

Un cero como un rosco gigante

El yogur, cuyos resultados de este análisis se pueden comprobar en Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, también tuvo un suspenso total cuando se estudió esta asociación en individuos sin enfermedades diagnosticadas, que nunca habían fumado y que seguían más la dieta mediterránea, es decir, sin factores de riesgo que pudieran enmascarar la relación estudiada.

“En comparación con las personas que no comían yogur, los que consumieron de forma habitual este producto lácteo no tuvieron una mejora significativa en su puntuación en el componente físico de la calidad de vida, y aunque se apreció una pequeña mejora en el componente mental, no fue estadísticamente significativa”, añade López-García.

Pero ¿y qué pasa con las recomendaciones oficiales?

Es cierto también que las principales directrices dietéticas en España y otros países apoyan el consumo de productos lácteos como parte de una dieta saludable. “Esto es así porque la mayoría de los estudios se han centrado en el efecto en conjunto, pero sería interesante evaluar la asociación independiente entre cada tipo de producto y los indicadores globales de salud”, apunta la investigadora.

Hasta el momento, varias investigaciones sugerían que el consumo de yogur podría influir, directa o indirectamente, en la CVRS. Para los expertos, uno de los motivos podría estar detrás de su riqueza en calcio, que protege los huesos, por lo que podría ser bueno para combatir las enfermedades osteomusculares, uno de los trastornos de mayor impacto negativo sobre la calidad de vida.

De forma más específica su ingesta se ha asociado con un menor aumento de peso (Wang et al., 2014), una presión arterial más baja (Ralston et al., 2012 y Soedamah-Muthu et al., 2012) y menor tasa de enfermedades cardiovasculares (Soedamah-Muthu et al., 2011).

Y es que no hace falta irse muy lejos. Hace bien poquito, la misma Agencia se hacía eco de una investigación que concluía que consumir frecuentemente yogur podía ayudar a reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2, al contrario que otros lácteos.

Para llegar a estar conclusiones, los científicos analizaron los resultados de tres estudios de cohortes que siguieron la historia y el estilo de vida de profesionales de la salud (dentistas, farmacéuticos, veterinarios, médicos, podólogos y enfermeras) con edades de entre 25 y 75 años.

En total, se analizaron 194.500 personas, por lo que se considera el estudio más completo realizado hasta la fecha. “No solo analizamos los datos de nuestras cohortes, sino que también se realizó un metanálisis con la integración de resultados previos”, indica el líder del estudio.

Durante la investigación, el equipo de científicos registró 15.156 nuevos casos de diabetes tipo 2 entre las personas de la muestra que tomaron leche, queso y yogur por separado. A pesar de haber consumido los diferentes lácteos, el estudio revela que el riesgo de desarrollar la diabetes persiste.

Sin embargo, al relacionar los resultados con la edad y el índice de masa corporal (factores de riesgo de enfermedades crónicas), se encontró que solo con el consumo de 28 gramos de yogur al día se reduce un 18% el riesgo de padecerla.

Las bacterias a veces molan

Como se ha apuntado previamente, investigaciones previas habían atribuido al calcio, al magnesio o a los ácidos grasos esta reducción. Pero el nuevo estudio demuestra que son las bacterias probióticas que se encuentran en el yogur las que mejoran los perfiles de grasa y el estado antioxidante en las personas con diabetes tipo 2.

Sin embargo, el misterio no está del todo resuelto: “Un mayor consumo de yogur es beneficioso para reducir el riesgo de diabetes, pero se necesitan ensayos clínicos aleatorios para confirmarlo”, explica Chen.

Por si los yogures tradicionales no funcionaran, otros investigadores españoles se cubren las espaldas y han desarrollado recientemente yogures ricos en proteínas y que sacian más.

Así lo han publicado en SINC el mismo día que la investigación sobre la nulidad de los yogures, explicando que este súperyogur, cocinado por científicos de la Universidad Politécnica de Valencia y el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del CSIC, tiene un alto contenido en proteínas y mayor capacidad saciante. Todo, gracias a una cantidad extra de leche desnatada en polvo y un tipo de almidón.

El que mejor te peta

Aunque la intención de los investigadores no era tanto que nos pudiéramos tomar un yogur algo más convencidos de que “algo podría hacernos”, desde luego que notarnos llenos, (y que igual luego nos entra el apretoncillo) nos vamos a notar.

Y no lo digo yo; lo ha explicado Susana Fiszman, profesora de investigación del CSIC y coordinadora del proyecto.

“Existe una necesidad real en el mercado de formular alimentos que contribuyan a controlar el apetito; por esta razón, se planteó formular un yogur con capacidad saciante como una estrategia interesante y se ha desarrollado con éxito“.

El trabajo ha sido publicado en la revista Food Research International y abre una alternativa en el diseño de nuevas estrategias de control alimentario.

Para encontrar al súperyogur, tuvieron que andar catando de todo, evaluando hasta seis tipos diferentes de este lácteo: uno en el que añadieron leche desnatada en polvo, en el segundo incorporaron proteína de suero de leche y el tercero era el “yogur control”, es decir, sin proteína añadida. Para obtener los otros tres, añadieron un 2% de almidón a cada una de las formulaciones anteriores con el objeto de mejorar la percepción de una textura cremosa.

Yogureh para todoh

Para determinar la capacidad saciante de cada uno de ellos, se llevaron a cabo pruebas sensoriales en las que participaron más de cien consumidores. De todos los productos, el que despertó mayores expectativas sobre la capacidad saciante fue el formulado con leche desnatada en polvo y almidón.

Aprovechando que tenían testers para dar y tomar, los científicos también les preguntaron sobre lo que les había parecido el producto, al más puro estilo anuncio de Kaiku.

“El yogur con leche en polvo y almidón fue definido como el más denso, compacto y cremoso, atributos que desencadenaron en los consumidores más expectativas de capacidad saciante”, apunta Isabel Hernando, investigadora del Grupo de Microestructura y Química de Alimentos de la UPV y miembro del estudio.

Andrea Arnal
Enredando

Andrea Arnal

Periodista, y de ciencias.
¿Que por qué? Las noticias científicas son las únicas que abordan cuestiones trascendentales, como de dónde venimos, a dónde vamos, por qué no es bueno tomar leche, etc.
Andrea Arnal
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