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MEDIO AMBIENTE

El alien del océano

31 mar , 2015  

Érase una vez un grupo de opositores a profesor de secundaria en la especialidad de Biología y Geología que se presentaron en Galicia, allá por el lejano año 2014.

En dicha especialidad, casi en todas las comunidades autónomas, una de las pruebas más temidas era la de “Identificación de especies animales, vegetales, minerales, microorganismos, tejidos, geomorfología, etc…”, también conocida como la prueba de visu. Podía caer cualquier cosa: un mineral inidentificable, un cráneo de gato, egagrópilas de lechuza, una foto de una nube, fósiles de trilobites, una hepática, un sauce… Y aunque las rocas y minerales son universales, al tratarse de flora y fauna, los tribunales suelen centrarse en el ámbito local.

El proceso es diferente dependiendo de donde sea: en algunos sitios, el opositor se mueve (físicamente) de un puesto a otro mientras va identificando cosas; y en otros, está en el pupitre mientras avanza una presentación de Power Point. En algunas comunidades, el tribunal te da una clave dicotómica, porque nadie en su sano juicio (ejem) es capaz de saberse todas las especies del mundo, pero en otras dan por hecho que conoces al menos la fauna y flora de la comunidad autónoma a la que te presentas, y no te dan claves ni nada. Como en Galicia.

Pues hete aquí que, en un examen que fue (en conjunto) bastante duro, la prueba de visu de 2014 fue sorprendentemente sencilla: pocos minerales, muchos vertebrados, y sólo alguna cosa rara como un mono, un delfín… y el bicho de la foto. En cuanto apareció, en medio del examen se escucharon murmullos de gente desesperada, maldiciendo al tribunal por haber puesto un alien que no habían visto en su vida. Fue a la salida de la prueba cuando algunos frikis descubrieron que, efectivamente, el bicho no es de otro planeta.

Este gasterópodo (pariente, por tanto, de caracoles y babosas) responde al nombre de Glaucus atlanticus  (en español, golondrina de mar, y en inglés, blue dragon) y sí, se encuentra en aguas europeas, y en los Océanos Índico y Pacífico (en 2013 se encontró en Perú).

Cuando una especie animal tiene colores chillones (coloración aposemática) es porque ha evolucionado de ese modo, por lo que ha sobrevivido durante incontables generaciones “diciéndole” a los demás “cuidado conmigo, que estoy aquí”. El resto de los animales han sobrevivido evitando atacar a especies de colores chillones porque, generalmente, es venenoso (o incluso mortal, y sólo sobreviven aquellos especímenes que no tienen ganas de probarlo). Ésta es la estrategia que siguen animales comunes como la avispa (especie invasora, guiño, guiño, codazo, codazo), y otros más exóticos como las temibles ranas dardo de Sudamérica. Ésta es la estrategia que siguen los nudibranquios como la golondrina de mar, que son de las criaturas más bonitas que puede ver un buceador.

Cierto que todos los nudibranquios son carnívoros, y comen gracias a su rádula, una especie de ¿cómo explicarlo? “lengua” recubierta de dientes que desgarran; pero es que Glaucus atlanticus se alimenta de uno de los seres más temibles del océano. Nada más y nada menos que ¡la carabela portuguesa, Physalia physalis!, un monstruoso ser que flota a la deriva capturando pequeñas presas. No es una medusa, como mucha gente cree: las medusas nadan en la columna de agua, y la carabela portuguesa flota en superficie; además, no es un único organismo, sino una colonia de pólipos (organismos fijos, como los pólipos de un coral) que forman parte de sus tentáculos y llenan la bolsa de gas que les permite flotar. Estos tentáculos (como sucede con las medusas) contienen unos nematocistos que inyectan un veneno peligroso, doloroso y, en ocasiones, mortal para el ser humano.

Este nudibranquio no sólo se alimenta de la carabela, sino que también le extrae los nematocistos (a cuyo veneno es inmune) y los guarda en unos apéndices extensibles que ayudan a su flotabilidad; al acumularlos, puede darse el caso de que una picadura de la Glaucus atlanticus sea peor que la de una carabela portuguesa. O eso he visto en muchas de las webs que he consultado, en las que de vez en cuando veo la imagen de una golondrina de mar sobre una mano humana. ¡Qué queréis que os diga! Si me topo con uno, disfrutaré observándolo a cierta distancia: no tengo necesidad de tocarlo para comprobar los peligros de su veneno.

La imagen principal del artículo es original de Taro Tailor, quien la colgó en Wikimedia Commons.

Fernando Losada

Biólogo titulado, profesor en progreso, locutor aficionado e interesado por seres extraños. Colaboro a veces con Planeta Espuni.

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5 Responses

  1. otra profe en progreso dice:

    Pues he aquí la prueba de que de los errores se aprende…que al final no sólo reconoces a este alien que no habías visto en tu vida…sino que te sabes su vida!

  2. ¿Y ahora quién no quiere un Blue Dragon de mascota? ¡Yo estoy deseando tener uno!

  3. Es que como vendedor no tengo precio 😉

  4. Ong dice:

    Hola me costf3 mucho trabajo entraconr a este animal, llevo un par de horas investigando en internet, y al parecer se habla solo de Europa, Sude1frica, Mozambique y Australia, sin embargo llegue9 hasta aqued, porque yo encontre9 4 ejemplares de este animalito en una playa mexicana en dedas pasados , y los lugaref1os lo desconocian, incluso los pescadores . bfQue9 sucede con esto?

  5. Hola, ONG. Se encuentra por todo el mundo (aunque sea más probable verlo en algunas zonas como las que mencionas) ya que viaja con las corrientes; de hecho, es lo mismo que sucede con la Carabela portuguesa.

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